
Este es el aspecto que tenía un 18 de diciembre de 2006. En el box núm 4 del Hospital General de Castellón. Fiebre, dolor de huesos... una gripe.
Ja! Bonita gripe! Y yo quería irme. Decía: Vámonos, que ya me encuentro mejor.
Aquí empieza una aventura, un camino. Yo aún no lo sabía, pero en éste último año mi vida se ha puesto patas arriba, patas abajo y finalmente hay un equilibrio que no podía imaginar.
A las 18h de esa misma tarde ya tenía cama en la primera planta, Hematología. En la habitación 146 ya hay un inquilino: Jesús Bartolomé. Buena persona. Él es quien nos explica un poco lo que va a pasar. (A Jesús le están poniendo la segunda quimioterapia) y él es quien nos servirá de referente dos meses después cuando nosotros entremos para la segunda. (pero esto aún no lo sabemos).
Desde que nos suben a planta todo es correr, prisa. El comentario de las hematólogas es: No hay tiempo, la enfermedad corre mucho pero nosotras somos más rápidas. No hay tiempo. Y se suceden en la 146 radiólogos, analíticas, enfermeras... Y comienzan los goteros para alcalinizar el cuerpo y prepararlo para lo que venía.
Esa primera noche no fue buena. Con miedo, sin dormir... y con ninguna esperanza.
La hematóloga fue clara: Deberías delegar en otra persona para que le informemos de cómo va.Le dijeron a mi mujer. Porque está muy malito. Por supuesto no quiso. Cualquier cosa que nos pase es nuestra. La Hematóloga dijo: estate atenta porque te haremos señas para que salgas y darte la información. El no tiene que saber lo malito que está.
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